Alex Olvera: La Huella Del Traductor

Alex Olvera tenía unos ocho o nueve años cuando un libro le hizo descubrir algo extraordinario. Estaba leyendo Cuando Hitler robó el conejo rosa, de Judith Kerr, la historia de una niña que tuvo que abandonar Alemania con su familia y comenzar una nueva vida lejos de casa. Alex nunca había vivido algo parecido. Ni siquiera conocía el país donde transcurría aquella historia. Sin embargo, podía entender los sentimientos de su protagonista, reconocer sus miedos y emocionarse con sus experiencias. ¿Cómo era posible que una persona tan lejana, que escribía en otro idioma, lograra conectar con ella de una manera tan íntima?

Muchos años después, Alex encontraría una respuesta en su propia profesión. Aquella conexión había sido posible gracias a una escritora, pero también gracias a alguien cuyo nombre probablemente no recordaba: la persona que había traducido el libro al español. Hoy, Alejandra Ramírez Olvera, conocida como Alex Olvera, traduce literatura de lenguas escandinavas al español y al inglés y preside la Asociación Mexicana de Traductores Literarios (Ametli). Su llegada a la profesión fue bastante menos romántica de lo que podríamos imaginar. La crisis económica de 2008 la llevó a buscar alternativas laborales, primero en la traducción audiovisual y después en los libros. Aquel cambio inesperado terminó convirtiéndose en una vida dedicada a las palabras.

¿Puede un traductor desaparecer de un libro?

Existe una idea bastante extendida de que una buena traducción es aquella en la que el traductor resulta invisible. Leemos una novela escrita originalmente en noruego, sueco o danés y sentimos que el autor nos habla directamente en español. Pero entre ambos hay una persona tomando cientos de decisiones. ¿Cómo traducir una broma que solamente funciona en otro idioma? ¿Qué hacer con una referencia cultural que el lector no reconocerá? ¿Hasta dónde puede intervenir quien traduce sin transformar la intención de quien escribió?

Alex recuerda una experiencia especialmente reveladora al traducir Terra Insecta, de la entomóloga noruega Anne Sverdrup-Thygeson. La autora quería acercar el mundo de los insectos a lectores de diferentes países y comprendía que algunas referencias noruegas no tendrían el mismo efecto en otras culturas. Por eso permitió a sus traductores adaptar determinados ejemplos. Alex descubrió, además, que ambas compartían un sentido del humor muy parecido, lo que convirtió la traducción de los juegos de palabras y las bromas en un ejercicio de complicidad creativa. La experiencia muestra hasta qué punto una traducción puede convertirse en un diálogo entre dos sensibilidades, sin que ninguna tenga que desaparecer.

La creatividad no siempre busca el camino más corto

Cuando comenzamos a hablar de inteligencia artificial, Alex nos lleva a una pregunta que parece sencilla, pero que resulta cada vez más difícil de responder: ¿qué distingue la creatividad humana de aquello que una máquina puede producir? Su respuesta no se concentra únicamente en la calidad del resultado. Para ella, crear también significa atravesar un proceso de dudas, intentos, conversaciones, errores y descubrimientos. Lo compara con golpear dos piedras una y otra vez hasta conseguir una chispa. Hay algo profundamente humano en buscar durante horas una palabra y reconocer, finalmente, que hemos encontrado la correcta.

La inteligencia artificial generativa puede ofrecer una traducción en segundos, pero Alex cuestiona lo que perdemos cuando confundimos esa rapidez con el trabajo creativo. También nos invita a distinguir entre traducción y corrección de estilo, dos profesiones que requieren conocimientos diferentes y cuya sostenibilidad económica puede verse afectada por los cambios tecnológicos. Su posición no implica rechazar cualquier herramienta digital. De hecho, utiliza memorias de traducción en su trabajo profesional. Su preocupación está en sustituir el criterio, la experiencia y la responsabilidad de las personas por procesos automáticos cuyo funcionamiento y resultados no siempre podemos verificar.

¿De quién es una obra creada con inteligencia artificial?

La conversación adquiere una dimensión especialmente interesante cuando entramos en el terreno del derecho de autor. Alex cuestiona el origen de los datos utilizados para entrenar sistemas de inteligencia artificial generativa y la ausencia de consentimiento, reconocimiento y remuneración que, según denuncia, ha caracterizado numerosos usos de obras protegidas. También exploramos una cuestión que sigue generando debates jurídicos: ¿qué ocurre cuando una persona utiliza inteligencia artificial para producir un texto? ¿Dónde termina la herramienta y dónde comienza la aportación creativa humana? ¿Puede una instrucción escrita por una persona convertirla automáticamente en autora del resultado?

Alex comparte una anécdota que escuchó durante un encuentro profesional sobre propiedad intelectual. Una persona había intentado reclamar derechos sobre un contenido generado mediante inteligencia artificial argumentando que había redactado una instrucción original. Según el caso relatado, la autoridad rechazó la protección solicitada. La historia nos lleva a conversar sobre la diferencia entre las ideas y su expresión, el requisito de originalidad y la importancia de identificar las contribuciones humanas en una obra. Son preguntas que nos obligan a examinar cómo entendemos la autoría, especialmente cuando la tecnología interviene en distintas etapas del proceso creativo.

La huella que merece ser reconocida

Al final de nuestra conversación, regresamos a aquella niña que descubrió un mundo lejano a través de un libro traducido. Alex conoce ahora el trabajo que existe detrás de esa experiencia y también las dificultades de quienes lo hacen posible. Como presidenta de Ametli, defiende los derechos de los traductores literarios y su reconocimiento como creadores. Su preocupación va más allá de preservar una profesión. Se trata de defender el valor de la intervención humana en la literatura, las condiciones necesarias para ejercerla y el derecho de quienes crean a recibir reconocimiento por su trabajo.

«Seguimos en pie de lucha por los derechos autorales de todos, porque entendemos que no podemos permitirnos perder la humanidad que hay en la creación autoral.»

Sus palabras resumen una preocupación que atraviesa toda nuestra conversación. ¿Qué sucede cuando comenzamos a valorar una obra únicamente por la rapidez con la que puede producirse? ¿Qué lugar dejamos para la experiencia, el esfuerzo y la sensibilidad de quienes crean? La huella del traductor puede ser casi imperceptible para el lector, pero su contribución forma parte de la vida de cada obra traducida. Reconocerla significa también reconocer que detrás de las palabras hay personas, decisiones y derechos que merecen respeto.

Una conversación para seguir pensando

Mi agradecimiento a Alex Olvera por una conversación tan abierta, llena de reflexiones, anécdotas y preguntas que merecen seguir discutiéndose. También a la Asociación Mexicana de Traductores Literarios (Ametli) por su trabajo en defensa de la traducción literaria y los derechos de quienes ejercen esta profesión. Escuchar a Alex me recordó que la propiedad intelectual adquiere su verdadero significado cuando conocemos a las personas que crean, las decisiones que toman y las condiciones que necesitan para continuar haciéndolo.

Gracias también a quienes siguen acompañando Intangiblia y compartiendo estas conversaciones. La literatura nos permite conocer lugares que jamás hemos visitado y encontrar algo de nosotros mismos en personas que nunca conoceremos. La traducción hace posible muchos de esos encuentros, y detrás de cada uno hay una huella humana que merece ser reconocida.

Un agradecimiento muy especial al International Authors Forum por su generosidad, dedicación y maravillosa colaboración a lo largo de esta octava temporada de Intangiblia, que nos permitió conocer y compartir tantas voces extraordinarias.

Escucha Alex Olvera: La huella del traductor en Intangiblia.

Dale valor a tu creatividad

Detrás de cada libro, traducción o creación hay decisiones, esfuerzo y una voz propia que merece ser reconocida. Protección para la Mente Inventiva es mi cuaderno de trabajo interactivo para ayudarte a identificar el valor de lo que creas, comprender los derechos de propiedad intelectual relacionados con tu trabajo y explorar cómo protegerlo y desarrollarlo. A través de ejercicios prácticos y orientación accesible, algunos apoyados en herramientas de IA, te invita a reflexionar sobre tus derechos y a tomar decisiones conscientes sobre el futuro de tus creaciones. Porque crear es un trabajo, y conocer tus derechos también forma parte de hacerlo sostenible.

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